La leyenda de la caza inicia por uno

Abro los ojos, un olor a peste circula en el aire, me froto los ojos, pienso que el mundo sería un mejor lugar si no hiciera mis labores todos los días… sin embargo recuerdo que lo que mi trabajo realiza no hace más que ayudar a una especie a sobrevivir, esa especie es la nuestra. Con todos sus bemoles, los humanos somos criaturas entrañables en el fondo, o al menos eso quiero hacerme creer.

Salgo de caza dispuesto a todo, hablo con el jefe de la aldea, sus titubeos me dicen que algo no anda bien, en efecto, se me acerca y  dice: ¡Ha vuelto! Asustado, pongo la mejor cara tengo y sé que me haré cargo, lo sé porque soy el único que puede hacerlo. Trato de comer algo, mi compañero pide una bola de arroz, yo por mi parte estoy bien con una jarra de cerveza, algo de carne y ensalada… el miedo me abre el apetito.

Ya embarcado en la misión recuerdo que no tengo suficientes pociones damn it! soy un pobre idiota y no tengo a nadie que me acompañe, salí solo y regreso (espero) triunfal, sino, mis obras fúnebres serán las de un digno cazador que usa katana. LLego al lugar, la armadura es pesada y hace un calor infernal, sólo espero no toparme nada desconocido antes de encontrar a mi presa, mi compañero y yo estamos solos en medio de la nada, el gremio, amablemente nos facilita pocas cosas, las cosas que pueden, la economía no anda bien desde el cataclismo.

Camino por la zona 1, la 2, la 3, entro en la cueva y no encuentro nada, la luz y la sombra en este lugar son uno mismo, no puedo ver mis manos frente a mí, sólo escucho a mi compañero ronronear, espero con ansías el momento, creo que moriré, pero algo en mi interior dice que no será aquí, lástima que ese presentimiento no sea una certeza, y que cuando…. ¡Mierda! Estuvo detrás mío y no me di cuenta, esperaré paciente a verlo de nuevo, mientras él no me vea a mí creo que tengo oportunidad, un poco de megazumo y estoy listo para el rodeo.

Camino sigiloso, los embates del terreno no me detienen, cuando de repente a lo lejos lo veo, el Shagaru Magala es imponente, no importa cuántas veces se vea, esta es mi primera vez y como comprenderán estoy asustado, pero confiado, es de esos momentos en donde uno se da cuenta que tiene todo y nada para vencer, que la voluntad y el buen tino son armas claves, pero que en realidad lo que se ocupa es estrategia y paciencia, mucha paciencia.

El Shagaru  tira su primer zarpaso, lo evado, aprovecho para clavarle la katana. Recuerdo entonces que no me equipé con algo a lo que el dragón anciano fuera débil, esta será una larga jornada, tengo que correr, brinco por sobre unas piedras, me escabullo al tiempo que una garra del dragón pasa sobre mi cabeza, creo que estoy a punto de infartar, se me acaba el tiempo, corro, lo corto y vuelvo a repetir hasta que se retirar ¡demonios! Tengo que ir detrás de él. Lo vuelvo a encontrar, está comiendo, aprovecho y coloco una trampa, no cae, me maldigo por estar cazando un dragón anciano. 

Cambio de táctica, logro herirlo, logro que cojee y me siento poderoso. El paso que sigue es montarme en sus lomos y astillarle la mayor cantidad de escamas que pueda, lo logro, me subo y lo hiero al punto de que sé que me odia. Sus movimientos son erráticos, ya es una presa fácil, pero no me confío, cargo la katana hasta su color rojo tradicional y le asesto el golpe que creo será el final…iluso de mí, he recibido una herida profunda en el torso, hay sangre, tal vez cuatro costillas rotas, o seis, ya no cuento, sólo las escucho crujir, mis movimientos se vuelven lentos, pero no torpes (esa poción demoníaca ayudó mucho).

Mi compañero por su parte se encarga de leer un conjuro y repara mis costillas, empiezo a sentir hambre, pero no cedo, estoy a punto de acabar con esto, y me quedan sólo cinco minutos; se vuelve a ir, trato de golpearlo en la retirada, no lo logro, ya he perdido mucha sangre, pero logro encontrarlo… Está despistado ésta y no otra es mi oportunidad, el cambio de estrategia surte efecto, el ataque frontal ahora es mejor, al fin y al cabo acá estamos fiera contra hombre, enfrentándonos y conociendo por qué somos diferentes, el tenía sus garras y su peste, yo mi inteligencia, experiencia y armas, es una pelea dispareja, lo sé, pero no por eso injusta.

Este será el último golpe, me muevo, no me golpea la garra, pero quedo lejos, me acerco con cautela, me recibe una flama de peste, demonios, ya  no me recupero, siento el cansancio y la muerte cerca de mí. Logro esquivarlo una vez más y le doy el mortal golpe en el vientre, el shagaru magala ha muerto y por el momento tendremos paz, por el momento…

 

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Moisés Mora

Moisés Mora

Editor de The Couch. Politólogo, DJ y hacedor de birra.
Twitter: @moramoi
Snapchat: moramoi

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