La importancia de la crítica, una mirada interna de un crítico no profesional

El crítico siempre será crítico, no más que eso, no menos. Su papel desde que criticar se volvió una profesión (¿acaso un oficio?) ha sido el de exaltar las virtudes y señalar los errores, dar una opinión informada sobre un algo, tangible o intangible, eso generalmente no importa siempre y cuando el crítico sepa de lo que habla. Ahora bien, parte de la labor de un crítico es, por lo general, olvidarse de todas sus preconcepciones sobre un género, un autor o una anécdota para así realizar un análisis del producto como tal. La parte truculenta del asunto es que el contexto, el género y el autor definen el producto que estamos evaluando, por tanto, aún y tratando de ser objetivo en su análisis, la crítica (y la persona que critica) serán meramente una apreciación subjetiva que trata de recomendar un producto.

Si bien, siempre he estado a favor de la experimentación de vivencia propia (es decir, no dejar que opiniones de terceros influyan en mis decisiones económicas), he de reconocer que esta postura es un simple idealismo, ya que, los recursos como el tiempo y el dinero no son ilimitados; por ende el papel del crítico se vuelve fundamental. Parte de este papel, es informarse más allá de cualquier simple mortal sobre el objeto que analiza y critica, el manejo de conceptos claros, el uso adecuado del lenguaje y la correcta interpretación de la obra influyen muchísimo sobre el resultado final de una crítica.

Pongo como ejemplo el caso del cine, por lo general, pocas personas podrían ser realmente “críticos de cine”, pero, cualquiera puede escribir sobre una película sin los conocimientos básicos/técnicos de lo que representa una película. El enfoque, el ángulo de la cámara, los tres actos socráticos en los que se divide una película, e incluso el contexto histórico de la obra analizada influyen mucho en el resultado de una crítica de una película de cine, por lo que una opinión fundamentada se basará no sólo en mis gustos personales (deseable en menores cantidades) sino también en los aspectos técnicos propios del medio en que se desenvuelve el objeto de análisis (cinematografía en general).

Es necesario además, realizar la debida división de cada medio, dentro de estas diferencias encontramos sutilezas que pueden parecer obvias, sin embargo, un crítico serio, nunca daría esto por sentado; pongamos ahora el caso de los videojuegos. Un videojuego, por su naturaleza interactiva, no sólo transmite (output) sino que también recibe (input) una determinada acción que se ve reflejada en la pantalla. A su vez, dentro de los videojuegos existen juegos con distintos grados de dificultad, géneros, intenciones, públicos meta y valores de producción (este último tal vez, el valor más cuestionable a la hora de analizar un producto como tal) por lo que el crítico no sólo tiene un papel pasivo, sino que debido a su participación en la obra, requiere un mínimo de habilidad por sobre el objeto.

A nadie se le ocurriría que para criticar una película quien habla deba ser un cineasta reconocido, o cuando menos habilidoso, sin embargo, sería impensable que un crítico con poco manejo de los controles de un beat em up  o un dungeon crawler. Es por ello que el valor de cada crítica y cada opinión debe verse por separado, porque cada medio de entretenimiento es diferente.

Otra dimensión poco explorada dentro del ámbito de la crítica es la recomendación hacia las personas que leen y sus efectos en las decisiones temporales que realizan. Bajo la perspectiva de quien esto escribe la crítica no es una venta, es una opinión informada sobre un producto, para vender productos está la publicidad, y esa delgada línea es la que se debería mantener. Ahora bien, entendiendo que el tiempo (como el dinero) es limitado, es sano y hasta necesario leer antes de consumir cualquier producto, una crítica buena puede ser la diferencia entre sobrevivir en un mercado o morir; esto por si sólo nos dice más de la naturaleza del capitalismo y sus fallos (por ejemplo: los mercados sobresaturados en donde las fallas no se perdonan) que de la crítica en general, por lo que la sana línea entre consultar la opinión de un experto y el pago de publicidad por una determinada opinión muchas veces se ve trastocada.

Ante ello, lo mejor es informarse, conocer quién está de la crítica que se lee (o se ve) y conocer bien los gustos personales de cada uno. Al final todos votamos con nuestras carteras o con nuestro tiempo, es por ello que ante la amenaza de los mercados sobresaturados, los nuevos modelos de negocios riesgosos y las presiones por el tiempo de cada persona lo mejor es informarse, pero sin creer ciegamente en todo lo que se lee. Al final los mesías sólo existen en las religiones, en la crítica, por otro lado, sólo existen personas que tratan de opinar.

 

 

Moisés Mora

Moisés Mora

Editor de The Couch. Politólogo, DJ y hacedor de birra.
Twitter: @moramoi
Snapchat: moramoi

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